Rastros sobre el agua

Amanecer en Sevilla
Labrada ya la noche del estío
en este auténtico cántico de aluminio solidario
que seduce a la salvaje y transuniversal gracia
de todo lo flexible, mudable y eternamente temporal,
respira la adormecida de esta vela, plegada tras el envite
del huracanado viento,
en el quicio de la puerta, de majestuoso albor, diseñada por las manos
providenciales del tiempo sobre
mi espacio.
Quebrada termina su oración con un amén silencioso, amén
de furtivo ensueño entrevisto en los laureles de la azotea de esta casa que es
casa de todos.
Alma para no tener que nacer y lograr morir sobre la utopía del canto habitado,
el cisne
muerto redivivo.
El ave alada de la conciencia que, al volar,
espanta al espejismo de la imaginada lluvia sobre el lago,
no más que agua, agua embalsada y dulce,
agua quieta suspirando a través de sus brumas por la aurora del canal que la
encauce,
mudándola en arroyo cristalino de azul satisfecho
hasta lograr ser río o tal vez mar.
O ya, océano.
En todo caso, agua y más agua, ya salada, agua de
marea, agua de viene y vamos:
Del agua muerta de los cisnes al agua edénica de los pelícanos.
© 2009 Sofía Serra - Revista Almiar (Margen Cero) ISSN 1695 - 4807 | Template by Alec Rust (Adaptación P. Martínez)