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Marlon Brando
jamás tomó en
serio la tarea del actor como un Olivier. Eso
no quiere decir que fuera un irresponsable. Fue sí, muchas veces -más allá
de los principios que mantuvo durante toda su vida-, un tanto
desagradecido
con un arte que da la posibilidad de desdoblarse y dar de sí, más de los
que
otros pueden dar. A él le cupo la responsabilidad, desde Benedeck ("El
Salvaje") de romper con un estereotipo de actuación en Hollywwood,
representado por Stewart, Grant y otros: fue también cruel con Strasberg y
supo solo agradecer su formación a Viola Ruber, con la cual hizo un
compinchaje que no se rompió nunca. No hay más allá de Brando, actores
mejores, pero sí los hay de su estatura, y Gilgud, filmando el Julio César
de Mankiewicksz le dio unas lecciones. No le fue bien en Londres en
Teatro.
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