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El señor de Cheshire,
de
Antonio Gómez Rufo
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por Johari
Gautier Carmona
Cuando las buenas intenciones
se confunden con los intereses personales, que los buenos modales se ligan con
los peores pensamientos, todo parece ser justificable. Las mayores mentiras y
las más siniestras osadías adoptan proporciones escandalosas y, sin embargo, son
consentidas con una naturalidad espectacular. Con una prosa elegante y un tono
satírico, Antonio Gómez Rufo reconstruye en la novela El señor de Cheshire
la vida insólita de un noble inglés a principios del siglo XX, Lord Dogson,
condenado a una pena de veinte años de prisión por haber abusado de una niña.
Después de nueve años de incomunicación en su celda solitaria, el preso recuerda
estar en posesión de los datos de un conocido capaz de ayudarle y acude a él
para pedirle un favor. Gran ironía del relato, ese favor no se refiere a la
reducción de la pena o su alteración, y mucho menos de su defensa penal, sino la
entrega de una muñeca de madera articulada para satisfacer sus necesidades
irreprimibles de hombre. Como lo sugiere la estirpe y la educación del señor de
Cheshire, el pedido realizado con una carta formal no puede ser más fino y
distinguido, es incluso convincente y honorable y, por consecuente, el
destinatario reacciona con la mayor diligencia, deseoso de ver al lord gozando
de todos los placeres dentro de su celda. La novela podría quedarse en este
estado sencillo si no fuera por la intervención de otros actores tan enrevesados
e interesados, tan obscenos y perversos, que llevan la trama hasta unos límites
poco imaginables. Todo es posible mientras exista una retribución inmediata o
expectativas de una recompensa a medio plazo. Por muy esperpéntica que parezca
la historia, por muy extremas que puedan ser ciertas situaciones, el ambiente
recrea a la perfección la época victoriana inglesa, sus fingimientos, sus
consentimientos, sus modales primorosos y el respeto a las clases altas. Y ese
decorado es lo que, justamente, nos hace olvidar que detrás de cada expresión de
educación, detrás de cada gesto de distinción, puede estar oculta una enorme
obscenidad. Así es la Humanidad pintada con sarcasmo por el autor: una humanidad
que, en muchas ocasiones, trata de dar una apariencia presentable a unas
prácticas punibles.
Al leer la novela de Gómez
Rufo uno se cuestiona continuamente sobre los límites de la moralidad. ¿Qué es
lo amoral? ¿Qué es lo normal? El lenguaje sirve a menudo para embellecer los
actos los más inaceptables o, por lo menos, hacer que parezcan menos salvajes.
Finalmente, esto puede que sea lo único que nos separe de la animalidad: el
lenguaje. Con él, nos inventamos motivos para distinguirnos de las demás, para
construir un entorno honorable, cuando, en realidad, reproducimos los mismos
esquemas. No obstante, además de este lenguaje que sirve para embellecer, Gómez
Rufo también describe otra desdeñable tendencia del ser humano a dejarse
corromper. En boca de sus personajes, todo tiene un precio, hasta la más
indecente de las situaciones o el símbolo más preciado de ciertas sociedades.
Por un puñado de libras, ciertos personajes son capaces de cuestionar su propia
sexualidad o de engañar a la pareja con quienes están a punto de casarse y eso
invita el lector a reflexionar sobre la fragilidad de nuestros principios. A
veces la corrupción es tan sutil que, con unas bellas palabras y alguna
manipulación, terminamos pensando que es inevitable y beneficiosa. La corrupción
es, en definitiva, un elemento omnipresente en la novela y, por muy inocentes
que puedan parecer ciertos protagonistas, pocos son los que brillan por su
fortaleza ética. Por todas estas razones, por su estilo y ritmo encantador,
El señor de Cheshire representa una lectura interesante y sorpresiva,
entretenida y desequilibrante.
* * * *
Antonio Gómez Rufo nació en Madrid, donde reside.
Autor de El secreto del rey cautivo, Adiós a los hombres, Los mares del
miedo, El alma de los peces, Bruto: la leyenda del falso traidor, El desfile de
la victoria, Las lágrimas de Henan y Si tú supieras, entre otras
novelas, su obra ha sido traducida al alemán, holandés, francés, ruso,
portugués, griego, polaco y búlgaro. Es autor de los guiones de la serie de
televisión Blasco Ibáñez, la novela de su vida y de la película París,
Tombuctú, ambas dirigidas por Luis G. Berlanga. Fue asesor de la Filmoteca
Española, director del Aula de Cultura del Ayuntamiento de Madrid y director del
Centro Cultural de la Villa. Con El secreto del rey cautivo, ganó el
Premio Fernando Lara de Novela, 2005.
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Johari Gautier Carmona
(1979), es un autor español nacido en París (Francia). Actualmente reside en
Barcelona, ciudad central dentro de su creación literaria, tras una estancia de
varios años en Inglaterra. Ha publicado en 2009 su primera novela El Rey del
mambo (Ed. Irreverentes) y en 2010 un libro de Cuentos históricos del
pueblo africano (Ed. Almuzara). Colabora asiduamente en distintos medios de
comunicación y ha sido galardonado con varios premios literarios.
Web del autor:
http://joharigautier.blogspot.com
El señor de Cheshire
fue editada por
Ediciones
Irreverentes - ISBN 978-84-96115-50-X
Para adquirir el libro
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