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«El borracho», de Guy de Maupassant, es uno de los
cuentos más viscerales que existe en la literatura francesa. Con una
extensión que apenas abarca ocho o nueve páginas, esta narración no ofrece
simplemente una visión cruel del ser humano cuando pierde el control y el
uso de razón —estado de ebriedad— sino que va más allá y ofrece rasgos
propios de la visión que de la vida tenía Maupassant (1850. ¿Castillo de
Miromesnil?- 1893. París).
Con un tono que recuerda a la grandeza de Poe, también, al igual que el
estadounidense, el autor galo cultiva el cuento fantástico y de terror. Si bien,
no es éste el caso que nos ocupa con «El borracho», que más bien se puede
considerar como buena muestra del pesimismo indefectible que rodeaba la
escritura del prolífico autor francés. Es difícil no remitirse a su
biografía, y máxime cuando en muchos momentos es más fantástica que la
propia ficción. No es menester de este artículo desmenuzarla aquí, pues en
enciclopedias, revistas, folletos... la puede el lector encontrar con todo
lujo de detalle.
Con una actividad literaria continua e incesante, Maupassant pronto se aupó
a las más altas esferas literarias de la época. Suyos son títulos como
«Claro de Luna», «Miedo», «Cuentos del día y la noche», «Miss Harriet» o
«Bola de sebo».
Volviendo a «El borracho», cabe destacar la facilidad con que desde el
principio el cuento atrae al lector, con una prosa clara y sencilla. Además,
se emplean recursos lingüísticos como el de la jerga o las frases
coloquiales. La idea que el texto da de la ebriedad de los borrachos es
magnífica, logra perfectamente que el lector visualice a un hombre
despreocupado, renqueante, pasivo, ebrio. Cuando la historia parece recién
comenzada, da un corte visceral y de manera trágica concluye. No diré más.
Los textos de Guy de Maupassant merecen ser leídos.
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«—Hala, Jérémie, hay que largarse.
El otro se puso en marcha con más trabajo,
recuperó el equilibrio apoyándose en la mesa; después se dirigió a la puerta
y la abrió, mientras su compañero apagaba la lámpara.
Cuando estuvieron en la calle, Mathurin cerró el
establecimiento; luego dijo:
—Hala, buenas noches, hasta mañana.
Y desaparecieron en las tinieblas.»
(Fragmento de «El borracho»)
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Alejandro
Tobar Salazar
(Lugo - España, 1983), Ganador del concurso de Relatos de Verano 2005 de la
Voz de Galicia. Accésit en el IV certamen de poesía Lucus Augusti
2006. Un 2º Premio en el Contacontos 2003, organizado por la Xunta de
Galicia, por su guión Nin tanto nin tan pouco, 6º premio en el I
certamen Ribeira Sacra literaria 2006, mención de honor Cuentos de
navidad, de la revista Emol; ha publicado poemas, reseñas y artículos en
revistas literarias y diarios como Arteliteral, Literaturas.com, El Progreso
de Lugo o la editorial Galaxia. Tras cinco años de estancia en Madrid,
actualmente residiendo en Marsella, Francia. Colaborador habitual de la
Revista Almiar / Margencero.

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