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Caminar por los senderos de la locura siempre será atrayente, más aún si
se trata de recorrerla a través un personaje histórico ficcionalizado. La
novela Noticias del Imperio de Fernando del Paso nos ofrece este
exquisito placer por lo que hemos decidido abordarla desde la
representante misma de la insania, es decir, desde el discurso erótico de
María Carlota de Bélgica.
A continuación se propone un análisis del capítulo XI
llamado «Castillo Bouchout, 1927» del libro Noticias del
Imperio, de Fernando del Paso. El análisis pretende situar un segmento
dentro del relato estableciendo sus posibles conexiones con otros con el
fin de desarrollar el discurso de la locura de Carlota revelando, en la
particularidad de su discurso erótico, el motivo de la mentira.
La novela presenta una disposición de veintitrés
capítulos de los cuales doce reciben el mismo título: «Castillo de Bouchout» y se encuentran dedicados a los monólogos de Carlota, los
cuales dan a entender el carácter repetitivo de su vida además de una
locura característica, la cual a través del uso frecuente de anáforas la
reafirma:
Cuando les digo que un día de estos Benito Juárez va a llegar al
Vaticano de calzón de manta y huarachas.
O cuando les digo que me voy a llevar a México la máquina de hacer
hielo para congelar el lago de Chapultepec. (314)
Sin embargo, sus evocaciones coherentes de personajes y
temas históricos hacen que el lector se sienta, a veces, casi confundido
de la cordura de Carlota. Además, el intertexto borgeano del cuento El
Aleph, induce a cuestionar la supuesta insania: «Yo no soy la reina de
América sino que soy todo, todo el tiempo, un presente eterno sin fin y
sin principio, la memoria viva de un siglo congelado en un instante»
(320). No obstante, su manifiesta locura se puede corroborar a lo largo de
los segmentos pertenecientes al capítulo XI, en el cual podemos descubrir
aquellos hechos que la conducen a la pérdida de la razón. Para comenzar a
caracterizar este capítulo me referiré a dos aspectos de la narración: el
narrador y el narratario. Según el nivel narrativo y el grado de
participación en la obra encontramos un narrador homodiegético-extradiegético
correspondiente a Carlota quien se encarga de caracterizar su propio
discurso: «Es mi privilegio, el privilegio de los sueños y el de los
locos, inventar si quiero un castillo de palabras, tan ligeras como el
aire en el que flotan», además de caracterizar el discurso de la historia
y del autor como un rompecabezas que ella puede deshacer y rehacer a su
manera comparándolo con un espejo donde puede ver su vida en un instante.
Por otra parte el grado de perceptibilidad de Carlota es consistente ya
que hace un resumen temporal en el que da cuenta del paso del tiempo.
Dentro del capítulo ella se remonta a su adolescencia a través de una analepsis, recordando el momento de su despertar sexual y su experiencia
con las moscas:
Cuando me quedé sola abrí las ventanas. Me desnudé y
me acosté boca arriba. Me unté entonces un poco de miel en los labios y en
los pezones. Me unté otro poco en el vello que me había nacido entre los
muslos, y cerré los ojos, y convoqué a las moscas. (415)

En relación con el recurso de la analepsis empleado podríamos mencionar
que su frecuencia de aparición refuerza su locura, puesto que demuestra
su empeño de vivir permanentemente en el pasado.
Por otra parte, afirmar que Carlota posee un grado de fiabilidad en su
relato resultaría arriesgado ya que se encuentra involucrada personalmente
en lo que cuenta además de presentarse de una manera dialógica sujeta al
motivo recurrente de lo cierto y lo falso: «Yo soy, Maximiliano, la
emperatriz de la mentira» (552). En este segmento podemos apreciar el
segundo aspecto que servirá para el presente análisis, éste tiene que ver
con el narratario, correspondiente a Maximiliano, el cual es figura
central en el análisis de la perspectiva ya que determina y modela
constantemente la voz de Carlota quien se dirige a él utilizando
construcciones interrogativas con la finalidad, por ejemplo, de
insultarlo: «¿Por qué no te condecoraste tú mismo con el gran collar de la
Orden Suprema del Gran Pendejo?» (Cap. XIX). Además de expresiones
afirmativas que tienen como finalidad la desmitificación de Maximiliano a
través de un discurso en tono solemne que le dirige Carlota: «Fuiste
Maximiliano el orgulloso[…], el hipócrita […], el mentiroso […]». (Cap. XIX).
Agregando su propia desmitificación: «Casi me muero de amor por ti, y de
deseo y de lujuria esa noche en que, ya sola y a oscuras en mi cuarto, mis
manos reptaron bajo las sábanas». (Cap. III). Como podemos apreciar a
través de esta confesión y a lo largo del capítulo XI, principalmente, el
discurso de Carlota se caracteriza por un marcado erotismo que revela la
locura de una mujer ávida de placer recreando un mundo que responde a sus
carencias afectivas y que ayuda a caracterizar su discurso irracional como
es el caso de la descripción del acto sexual de carácter autodestructivo
para Carlota:
Abro el ropero y te llevo a mi lecho y me quito el camisón y hago el amor
contigo. Hago el amor con el palo que te puse entre las piernas, casi me
atravesé la matriz, casi me rasgué el útero, pero seguí haciendo el amor
contigo hasta el amanecer. (422)
Podemos apreciar que escenas como ésta, además de las masturbaciones
gráficas de Carlota conforman ejemplos del discurso erótico presente en la
obra. Cabe señalar que el motivo de la mentira constituye un eje
importante dentro de sus monólogos, el cual podemos vislumbrar en diversos
segmentos de la obra al igual que en el trenzado del capítulo XI cuando
Carlota le confiesa a Maximiliano que le había mentido con relación a sus
actividades sexuales antes de conocerlo:
Yo también te mentí, te lo confieso, te mentí. ¿Te dije alguna vez que
antes de que tú llegarás mi carne jamás había conocido el
ni el deseo ni el placer? Eso también Maximiliano eso también fue
mentira». (414)
Es interesante hacer notar que tanto Maximiliano como Carlota son víctimas
de las mentiras a través de toda la novela. Es la propia Carlota la que
nos revela esto: «Sí, Maximiliano, fue la mentira, fueron las mentiras las
que nos perdieron». (Cap. XIII). Haciendo alusión tanto a las mentiras de
sus enemigos como a las que Maximiliano hace a Carlota. El capítulo XIII
muestra que su angustia va mucho más allá, reflejando su propia visión de
mundo y lo que, podríamos decir, la volvió loca:
Pero más, mucho más que las mentiras tuyas y mías y de los otros, más que
las mentiras de todos los días, Maximiliano, lo que me mata de angustia es
la gran mentira del mundo, la que nunca nos cuentan, la que nadie nos dice
porque nos engaña a todos. (Cap. XIII).
Carlota sería el resultado del engaño de las apariencias. Se podría decir
que en su viaje de retorno a Europa hubiese sido desprendida de su ceguera
para despertar a una lucidez trastocada al darse cuenta de que todo a su
alrededor no era más que traición y engaño. Carlota se reconoce en el
capítulo XI como una víctima del veneno del mundo. Para ella todo se
encuentra sucio y necesita lavar y limpiar a su alrededor para evitar la
destrucción que produce el arsénico justificando su locura por el afán de
limpieza:
Dicen que estoy loca porque comencé a limpiar todos los objetos que hay en
mi cuarto. Pero es que yo sabía que estaban envenenados, que bastaba que
mis dedos tocaran la perilla de una puerta […] para que la ponzoña entrara
en mi cuerpo. (411)
Podríamos inferir que Carlota enloquece para no ser partícipe del mundo
que hasta ahora ha conocido: «Porque todo está envenenado. Porque a ti y
a mí nos quieren envenenar como lo han hecho con tantos otros.» (Cap. XI )
Ella se recrea un mundo donde en la monotonía del discurso epistolar
mantiene una correspondencia indefinida con el muerto Maximiliano. En el
primer capítulo Carlota manifiesta el deseo de hundirse en las cartas de
Max, sin embargo, al darse cuenta de sus inexistencias muestra dudas de su
veracidad: «Pienso, a veces, que nunca, nunca, me escribiste esas cartas».
Sus discursos, además, revelan el temor de una mujer que no fue capaz de
acceder a la felicidad con su marido por el afán de ocultar su propia
identidad: «No sabes, Max, jamás supiste ni te imaginaste cómo te hubiera
querido, cómo me habrías amado si tan sólo me hubiera atrevido a decirte
quién era yo quién soy, quién seré siempre». (cap. XI)
La locura se constituye, entonces, como un modo de salirse de sí misma, de
su autocondena y mostrarle al mundo de una manera irracional que ella
vive, siente y todavía es capaz de amar y ser amada:
Mi carne, Maximiliano, escúchame aunque sea muy tarde: mi carne nació para
el amor […] para sentir el calor de las manos de los hombres. Mi piel
nació para ser amada por las nubes, por las mariposas. Yo vivo desnuda en
una habitación llena de mariposas ciegas […] (415)
Es dable afirmar que los discursos de Carlota dejan entrever una insania
reconocida por ella misma inculpando a la mentira, frecuente motivo de la
historia, como el veneno que acabó con la vida de Maximiliano y con el
juicio de Carlota:
Te hablo de lo que descubrí un día, todo, Max, el cielo, el aire y el
viento […] todo estaba impregnado con la misma ponzoña que acabó contigo y
con tus sueños y con mi razón y tu vida […] y con todo lo hermoso y lo
grande que queríamos para México: la mentira. (413-414)
De esta manera, quedaría demostrado que el discurso de Carlota se
caracteriza por una marcada irracionalidad donde el erotismo se constituye
en revelación de su identidad y la mentira pasa a ser causa y eje
fundamental de su discurso de insania. Es así como el capítulo XI,
complementado con segmentos pertenecientes a otros capítulos de la novela,
nos ayuda a caracterizar este discurso. Como reflexión final cabe señalar
que Fernando del Paso estaría plasmando, a través de los monólogos de
Carlota, su deseo de manifestar un discurso caracterizado por la ausencia
de valores sólidos tanto en la sociedad mexicana como en la francesa
(lugar de procedencia de Carlota y Maximiliano), lo cual dialoga con
nuestro horizonte moderno sometido a la deflación ideológica y a la
concepción del mundo como un campo de batalla donde todo se justifica,
incluyendo la mentira, el engaño y la traición, sin importar que la
obtención de propósitos se logre a costa del aniquilamiento del otro.
Carlota se ve sometida a la destrucción de su vida y a la de su marido por
una ingenuidad, propia de la novela moderna, donde parecen vislumbrar un
futuro promisorio sin sospechar que serán engañados y traicionados
sucumbiendo ante el sistema. Son ellos y sus experiencias los testimonios
de la contraposición de verdad y falsedad operando como forma interior de
la representación de un mundo caracterizado por la precariedad de todo lo
real. Sería pertinente preguntarse si esta expresión de la fragmentación
del mundo, es decir, el rechazo del individuo sobre sí mismo en un reducto
de aislamiento y crítica soledad constituye el reflejo de nuestra sociedad
contemporánea.
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Carolina Andrea Navarrete
González
es Licenciada en Letras mención Literatura y Lingüística Hispánica,
Profesora de Castellano y actualmente cursa un Magíster en Literatura
Hispanoamericana en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
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