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Algo más que palabras
por Víctor Corcoba Herrero
¿VALORAMOS LA AYUDA DE LOS INMIGRANTES?
Está visto que la inmigración no sólo favorece a
la persona que busca una solución a su pobreza o a sus carencias, nuestro
sistema económico también los necesita y, su ayuda, es imprescindible para
crecer. Un informe reciente, elaborado por la Oficina Económica del Presidente
del Gobierno que dirige Miguel Sebastián, así lo avala: generan muchos menos
gastos que los ingresos que aportan a las arcas del Estado. Ahora bien, dicho lo
anterior me surge la pregunta: ¿realmente les correspondemos y favorecemos la
integración para que se sientan como en sus propios países? ¿Valoramos su ayuda?
Si hasta no hace mucho tiempo pedíamos respeto y justicia a los responsables de
las naciones donde emigraban los españoles, ahora nos atañe a nosotros
comportarnos con esas mismas actitudes de generosidad que demandábamos.
Es cierto que el gobierno español ha dado muestras
de hospitalidad y que, cada día, son más los ciudadanos extranjeros que viven en
nuestro país con una situación regularizada. Ellos, a cambio, con su entrega
incondicional al trabajo han contribuido al crecimiento de la población y al
incremento de la renta per-cápita; que, sin duda alguna, habría
retrocedido. La mejor manera, pues, de considerarles pasa por buscar soluciones
a sus problemas, por tenderles una mano amiga, hacerles más fácil la vida entre
nosotros, y no consentir la actuación de algunos empresarios sin escrúpulos que
buscan el beneficio eco-nómico a cualquier precio. Con este tipo de
compor-tamientos en si-tuación de semi-esclavitud, aparte de que se hace mucho
daño, (los dolores del alma son los que más duelen), es de ley, si queremos
llevar a cabo una verdadera integración, prestar auxilio y garantizarles sus
derechos.
La memoria histórica nos exige acoger al
inmigrante, no sólo porque también nosotros lo fuimos en otro tiempo, sino por
el deber de gratitud y de humanidad. Ante este fenómeno migratorio, hay que
abrir las puertas del corazón sin miedo. Es la única manera de acercarnos y de
acercarse, de entendernos y de entender que todos somos fundamentales, que nadie
sobra, que todos somos casa común y causa globalizada. El resultado es también
más positivo, no sólo por la cuestión económica, también por el enriquecimiento
cultural. Cuando en verdad se produce un recíproco diálogo intercultural, la
construcción de un mundo reconciliado suele ser más fácil. Por eso, el camino
tiene un horizonte bien claro, el del acogimiento al calor de la aceptación.
Sólo si uno se siente valioso, se acepta mejor. El
inmigrante, que es persona como nosotros, también necesita sentirse aceptado y
no extranjero. Su colaboración ha sido y es significativa, incluso a la hora de
mejorar la participación de las mujeres en el mercado laboral. Al parecer, según
el citado informe, una de cada tres féminas ha encontrado un empleo y lo pueden
desarrollar gracias a que los inmigrantes han sustituido tareas que ellas
desempeñaban hasta ahora, ya sea en el hogar o en atención de familiares. Por
todo ello, todos unidos, debemos esforzarnos en mejorar los lazos de convivencia
y, pienso, que las instituciones deben estar atentas a buscar un orden justo
para que convivir deje de ser el sueño de lo que pudo haber sido y no fue.
Todavía es realidad aquello que
Martin Luther King,
dijo: «Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no
hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos». Nunca es tarde para
aprender.
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Víctor
Corcoba es un escritor que vive en Granada; licenciado en
Derecho y Diplomado en Profesorado de E.G.B, tiene varios libros publicados. 

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