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El paso del tiempo
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Felicidad López Vila
Desde que tengo uso de
razón me he preguntado ¿qué es el tiempo y dónde reside su autentica esencia?
Esencia, que hoy en día para mí, sigue siendo un misterio sorprendente y eterno.
Me he desesperado en su espera, me he angustiado con su rapidez y me he
obsesionado con poder detener su paso.
¿Quién determinó que debía existir semejante
abstracción, que nos somete a su causa y efecto, de una manera tan subjetiva
según se goce o se sufra? ¿Por qué las horas, los minutos y los segundos
cabalgan imparables hacia su destino?
Según la definición de algunos diccionarios, el tiempo
es una magnitud física que mide la duración de los acontecimientos de nuestra
vida terrenal que están sujetos a un cambio.
Tras leer una de tantas definiciones acerca de ese
misterioso compañero que nos custodia en nuestra muerte y en nuestro nacimiento,
pensé que el tiempo y su paso no son más que una impronta mental diseñada por el
creador en su plan evolutivo, en una plataforma de aprendizaje lineal donde
pasado, presente y futuro convergen en un mismo punto. La dimensión del paso del
tiempo absoluto pertenece al plano tangible y el sistema relativista al plano
intangible, programando los sucesos de nuestras vidas con una precisión absoluta
donde el paso del tiempo es un movimiento imperceptible entre la nada y su todo.
De ese modo percibimos la franja horaria tan subjetiva, adelantándola o
retrasándola según las circunstancias de cada individuo.
Tal vez el envejecimiento y el miedo a la muerte sean
dos de los factores principales que aceleren psicológicamente el paso del tiempo
y hagan que las manecillas de nuestra alma corran a un ritmo trepidante en la
vida cotidiana casi siempre estresante, angustiándonos por detener el paso de
nuestro amigo incombustible de arrugas y llantos en un cuerpo deteriorado y con
recuerdos seniles.
Un buen día al levantarnos percibimos en la piel una
decadencia cutánea. Queremos salir a la calle, corriendo, en busca de las
defensas necesarias en la lucha imparable contra el
paso
del tiempo, queremos descubrir una fórmula mágica que lo detenga, que nos
devuelva la juventud perdida pero su azote nos persigue desde el alba hasta el
crepúsculo como un letal sueño, y en esa búsqueda imparable de cambios físicos y
fisiológicos, nos olvidamos de agradecerle al paso del tiempo nuestro
crecimiento personal y nuestra transformación mental en el arduo camino
evolutivo.
El paso del tiempo es la semilla que plantamos en cada
una de las etapas de nuestra vida: nos motiva, nos permite ser felices e
infelices, dudar, temer, desconfiar y recuperar la fe perdida, nos hace entrar
en crisis, nos hace odiar y amar, caernos mil veces y levantarnos milagrosamente
con la fuerza suficiente para seguir hacia delante, porque lo difícil no es
detenerlo sino aceptarlo como un potencial de realización personal y dejar de
sentirlo como un enemigo poderoso para convertirlo en un aliado justo.
Los cambios son necesarios en el proceso de nuestra
realización interna y en nuestro ser más profundo mora la capacidad de
transmutarlos, el paso del tiempo nos conduce progresivamente a nuestro
propósito de vida percibiéndonos cada vez más a nosotros mismos, y a medida que
el tiempo pasa dejamos atrás una estela de aciertos y fallos que nos convierten
en una amalgama de sensaciones provechosas.
Dejarse llevar por él resulta tan beneficioso como
doloroso dependiendo de los retos a los que nos enfrentemos, pero aun
sintiéndonos vencidos en algunos momentos es inevitable recorrer el camino
transitado por obstáculos y regalos, risas y llantos, luz y oscuridad, principio
y final porque en la dualidad hallamos nuestra autenticidad, introduciéndonos en
un universo físico y mental donde cualquier cosa puede hacerse realidad.
En nuestra realidad mental el tiempo se puede
adelantar, corregir, paralizar y retrasar. Retrasarlo, sin necesidad de utilizar
retinoides, antioxidantes, liposomas, alfahidroxioacidos y cirugía estética,
como sucede cuando nos sumergimos en la realidad física.
Suspendido en nuestra mente el tiempo y su paso no
tiene dominio sobre nosotros, es infinito, absoluto y relativo, no existe para
nuestros cinco sentidos, tan sólo es una mera ilusión irreal del sexto sentido:
sentido que capta las verdades absolutas del universo y que está en constante
sintonía con el plano de la materia.
La materia se transforma al igual que nosotros vamos
transformándonos en individuos con más experiencia y sabiduría, con el tiempo y
su paso, en el plano físico, donde el tiempo y el espacio se dan la mano para
ocasionar acontecimientos, circunstancias y ocurrencias.
En el momento que nos adentramos en el mundo físico
también la franja horaria se torna física y deja de ser psicológica, el reloj
pasa de ser un simple objeto decorativo a transformarse en un incordio continuo.
Sucesos sensoriales se deslizan por la esfera
procesando sentimientos, en un recorrido monótono de sensaciones que
desencadenan en una cascada de reacciones diversas, mientras nuestras neuronas
perciben de un modo peculiar el paso del tiempo, activando en el cerebro un
sinfín de relojes internos cada vez que nuestro inconsciente se concentra en el
pasar de las horas.
Nuestros pasos avanzan de un modo circular desde un
principio hasta un final, elevación, caída y vuelta a empezar. Etapas de coraje
seguidas de épocas de desaliento y temor se suceden progresivamente,
transportando emociones en sabias agujas que no pierden el tiempo conversando
con el segundero.
Cada microsegundo encierra en el paso de su tiempo una
verdad eterna, y su movimiento se manifiesta en todo el universo, solapando
inquietudes que se mueven en segundos, vibran en minutos y circulan en horas.
El día antecede a la noche y la noche persigue al día,
la primavera busca al verano y el verano corre al encuentro del otoño que
musitando en el carrusel del tiempo espera paciente al gélido invierno, y así,
sin descanso, circulan por el devenir de la rueda cósmica una sucesión de
cambios que en nuestra propia piel notamos, y en nuestra alma añoramos, con la
esperanza de que nazcan nuevas ilusiones, crezcan nuevos sueños, lleguen a su
madurez nuestros pensamientos, decaigan nuestros fracasos y mueran nuestros
miedos.
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Página web
de la autora:
http://felicidadlopezvila.iespana.es

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