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La estrella de
Belén
¿Mito, realidad o milagro?
por
M. Ángeles Bernárdez
Estas líneas no tienen más intención
que las de la divulgación,
sin pretender mitificar
ni desmitificar a nada ni a nadie.
(N. del A.)
La «Estrella
de Belén» o «Estrella de Oriente» es considerada como uno de los elementos
indiscutibles y representativos de la Navidad. Durante dos mil años se han
debatido distintas hipótesis acerca de la misma.
Mito, suceso milagroso o acontecimiento astronómico real son
interpretaciones que tratan de darnos a conocer la naturaleza de la Estrella y
en las que no debo excluir la aceptación de este hecho desde la fe.
La astronomía moderna ha intentado desvelar este misterio. Para
investigarlo ha sido necesario buscar informaciones y pruebas que puedan
situarnos en las fechas en que acaecieron una serie de acontecimientos y, entre
ellos, el momento en que tuvo lugar el nacimiento de Jesús de Nazaret. Acudiendo
a las escasas referencias bíblicas y a la Historia, obtenemos datos concretos
que nos dicen que en aquel tiempo reinaba el rey Herodes, en Belén de Judea; que
se estaba realizando un censo de la población; y que Cirinio era gobernador de
Siria. Según el Evangelio de San Mateo (2. 1-9), una estrella guió a los
Magos de Oriente hasta Belén: «… ¿Dónde está el rey de los judíos que ha
nacido?... Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo… Y
he aquí la estrella que habían visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta
que llegando se detuvo sobre donde estaba el niño…» (…) (Mateo, 2. 1-3). «Cuando
Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a
Jerusalén unos magos diciendo: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?
Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle”. Oyendo esto,
el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.». El Evangelio de
San Lucas (2. 1-8) nos dice: «Aconteció, en aquellos días, que se promulgó
un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este
primer censo se hizo siendo Cirinio gobernador de Siria. E iban todos para ser
empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió a Galilea, de la ciudad de
Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuando era de la
casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con
él, la cual estaba en cinta. Y aconteció que estando allí, se cumplieron los
días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en
pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el
mesón. Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias
de la noche…». De acuerdo con los acontecimientos narrados en los Evangelios,
los estudiosos establecen entre los años 6 y 4 a. C., aproximadamente, el
nacimiento de Cristo. Johanne Kepler, astrólogo alemán, estimó que cada 800 años
la conjunción planetaria de Júpiter y Saturno se produce en la misma posición
respecto del equinoccio vernal (Del lat. vernalis); y calculó una triple
conjunción en el año 7 a. C. Esta triple conjunción seguida de un agrupamiento
de Marte, Júpiter y Saturno en el año 6 a. C. habrían producido, asegura Kepler,
un nuevo
astro… Ese milagroso nuevo astro o nova sería la Estrella de Belén.
Aunque el origen de una nova no guarda relación con las posiciones de los
planetas, esta posibilidad es la más aceptada por coincidir en el tiempo con la
venida de Jesús. Otras teorías cercanas a nuestra época nos la exponen Mark
Kidger (investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias) o Humphreys (de
la Royal Astronomical Society) quienes, además de la conjunción planetaria
ocurrida en el 7 a. C., y en el 6 a. C., apuntan varios acontecimientos
planetarios que habrían tenido lugar, sumando a estos hechos la nova que
se mantendría visible durante más de 70 años, tiempo suficiente para que los
Magos de Oriente llegaran hasta Nazaret. De ésta forma, Kidger y Humphreys
consideran a la Estrella de Belén como una sucesión de acontecimientos
astronómicos ocurridos durante dos años. Astrónomos chinos apuntan el fenómeno
cósmico de un nuevo astro (nova) como la cusa que motivó la atención de
los magos (año 5 a. C.), en la constelación de Capricornio, además de otro
cometa o nova (24 de abril del año 4 a. C.), en la constelación del
Águila; y hacen alusión, en varias ocasiones, a la ocultación de Júpiter por la
Luna (año 6 a. C.), en la constelación de Aries. En septiembre del año 5 a. C.,
Júpiter presentó un movimiento retrógrado. Para un observador terrestre es como
si el planeta se detuviera en su curso respecto a las estrellas; es decir:
retrocedió y volvió a avanzar. Hay quienes afirman que el cometa Halley fue el
cuerpo visible que en aquellos tiempos (año 12 a. C.) viera el ojo humano
brillar en el firmamento. Mas, en todos estos postulados, no hay la mayor
certeza ni existe razón para dar un significado fuera de lo común a estos
acontecimientos, nos argumentan, igualmente, numerosas voces estudiosas. Por lo
que el debate de las distinta hipótesis aún no está cerrado…, y no sabemos si
algún día lo estará.
San Mateo relata que sólo los Magos de Oriente vieron la luz
celestial. Sin embargo, los cometas serían visibles desde la Tierra. La Estrella
iría delante de los mágicos viajeros y les llevaría hasta Belén en dirección de
Norte a Sur. Sucede que cada objeto natural en el cielo se mueve de Este a
Oeste, debido a la rotación de la Tierra. En cuanto a la explosión de una
estrella o supernova, los registros históricos no dan indicios de este
hecho en la época del nacimiento de Jesús.
Es indudable que aún no hay nada claro sobre la naturaleza de la
Estrella de Belén; y es obvio, que no puede ser explicada por la ciencia.
Tampoco hay que olvidar que para muchos pensadores la Estrella de Belén no fue
un fenómeno astronómico sino un símbolo de fe. Cada elemento de la historia de
la misma simboliza una realidad distinta: los Magos de Oriente, Herodes, los
paganos, y los creyentes… Tal vez, San Mateo pretendiera revelarnos la esencia
de una Estrella símbolo de la fe cuya misión fue conducir a los hombres hasta el
Salvador…, darles la oportunidad de avanzar en el día a día, apartándoles de
estrechos horizontes y mostrándoles así el camino hacia la luz de la bondadosa y
amorosa estrella que cada ser lleva en su interior…; que igualmente fuera
símbolo de un ideal, un proyecto de vida, a pesar de los sacrificios y de las
dificultades.
El dos de diciembre de 1999 estalló una nova en la constelación
del Águila. En su momento de máximo esplendor, si bien su brillo no adquirió
mucha intensidad, pasó totalmente desapercibida para la mayoría de los hombres y
mujeres que poblamos la Tierra. Este suceso me ha sorprendido gratamente; y me
ha hecho reflexionar…
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MARÍA ÁNGELES BERNÁRDEZ
es directora de la Revista Literaria La
Fuente, en Almería (www.revistalafuente.org).
Relatos, artículos y poemas suyos se publican en el semanario Granada Costa,
de Granada (España), y colabora, así mismo, con páginas web como la de
Alfonso Lavquén (Chile).
De esta autora también puedes leer los relatos:
Aquella otra mujer
y
El regreso
Imagen de cabecera: Mosaico de la Iglesia de
San Apolinar el Nuevo. Rávena. Italia (s. VI)
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