

Entre los dedos:
mi complemento eterno
Mirna Estrella Pérez
Viajaba por las
esquinas inimaginables de los sueños, inspirada en lo que se debió transformar
mi vida alguna vez, cuando sentí una fuerza malévola recorriéndome con placer,
ahuyentando tabúes primitivos. Dedos miserables que osaban despertarme para
suplicar un poco de amor. Con la boca aún reseca, fijé los ojos en el lado
izquierdo de la cama desnuda y sonreí..., que difícil se hace a veces evitar los
recuerdos; asesinar la memoria. Era una de esas madrugadas frías que insistían
en ponerme los pelos de punta, simplemente no estaba acostumbrada a tanta
soledad. Siempre tan rodeada de fantasmas traviesos, de prosa, de poesía. Y
ahora que apenas recordaba mi nombre, el silencio de una madre, la presencia de
hermanos; si es que alguna vez existieron.
Me apoyé en el rincón vacío de la cama, recorriendo la habitación semi alumbrada
con los ojos aún dormidos; como vagando por el pasado. Iba rescatando trayectos
escondidos de mi infancia. Tenía claro lo que fui en un principio, no en lo que
me estaba convirtiendo.
Frotaba el colchón buscando ese, mi complemento eterno. Sabrá la vida si alguna
vez lo tuve tan cerca. Entre mis manos latía aun la piel de tantos...
De un golpe salté. El suelo me esperaba ansioso, buscando poner de nuevo mis
pies sobre la tierra; no más sueños. Hasta entonces me di cuenta que había
tomado con tanta calma mi paso por la vida, atrapada en ese miedo que me obligó
a refugiarme en mi peor enemiga; yo misma. Nadie ha osado hacerme tanto daño. Se
han evaporado los amigos, las noches de bohemia, los regalos; sobretodo mi
sangre...
Regreso; aún me quedan nueve dedos de mi vida por contar.
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CONTACTO CON EL AUTOR
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FOTOGRAFÍA: Juanjo Barinaga © 2004