Siete
años
después
de
publicar
Tea
for
the
Tillerman
(1970),
Cat
Stevens
cambiaba
su
nombre
por
el
de
Yusuf
Islam.
En
1999
volvió
a
hacerlo
y,
desde
entonces,
se
llama
Abu
Muhammead,
que
significa
padre
de
Muhammead,
nombre
que
ha
puesto
a
su
hijo (1).
Llamativo
periplo
para
uno
de
los
cantantes
que
simbolizó
en
los
setenta
la
lucha
entre
generaciones,
el
haz
el
amor,
no
la
guerra
que
imperaba
por
aquel
entonces.
Cuentan
que
bañándose
en
la
playa
de
Malibú
(California;
EE.UU.)
la
marea
le
arrastró
mar
adentro
y
estando
a
punto
de
morir
ahogado
ofreció
su
carrera
a
Dios,
si
éste
le
salvaba;
pocos
minutos
después
estaba
a
salvo
en
la
orilla.
Sea
cierta
o
no
la
anécdota,
el
autor
de
Father
and
son
y
Sad
Lisa,
hombre
enfermizo
y
confuso,
se
convertía
al
Islam
después
de
que
el
Corán
cayera
en
sus
manos
un
buen
día,
tal
y
como
lo
contó
en
una
entrevista
que
publicó
el
diario
La
Tercera,
de
Chile: «Nunca
supe,
supongo,
cuando
estaba
hablando
metafóricamente
acerca
del Peace
Train
('Tren
de
la
paz')
y
de
este
tipo
de
ideas
como
On
The
Road
to
Find
Out
('El
viaje
para
descubrir')
y Miles From
Nowhere ('A millas de ninguna parte'): esos fueron los tiempos de los
temas que describen mi búsqueda. El hecho es que finalmente llegó un día y de
repente un libro cayó en mis manos, esa fue la primera exposición al Islam».
Cat
Stevens,
inglés
de
ascendencia
griega,
comenzó
a
sonar
con
fuerza
en
1966
año
en
que
publicó
Matthew
and
son,
su
primer
éxito
mundial.
La
canción
ya
mostraba
lo
que
sería
el
eje
central
de
sus
obras
posteriores:
el
conflicto
intergeneracional
que
colaboraría
en
el
alumbramiento
del
mayo
francés
de
1968,
la
isla
de
Wight,
la
lucha
contra
la
guerra
del
Viet-Nam
y
la
aparición
del
pop.
Como
nadie,
supo
interpretar
el
lado
melancólico,
romántico
(a
veces
casi
empalagoso)
y
pacifista
del
movimiento
hippie
y,
como
nadie
también,
puede
representar
el
confuso
horizonte
ideológico
y
social
de
los
jóvenes
que
protagonizaron
la
revolución
del
amor
y
las
flores.
Dicho
esto,
debo
romper
unas
cuantas
lanzas
por
este
magnífico
músico
que
aportó
un
estilo
personal,
imaginativo,
distinto,
a
la
canción
popular.
Cat
Stevens
era
el
autor
de
las
canciones
y
el
diseñador
de
sus
discos,
«descubrió»
las
canciones
con
personajes,
puso
«de
moda»
los
estudios
de
grabación
del
Caribe
(Jamaica)
y
llegó
a
cantar
en
latín
consiguiendo
que
esta
lengua
muerta
sonara
a
las
mil
maravillas.
Como
ya
he
citado,
Tea for
the
Tillerman
catapultó
definitivamente
a
la
fama
a
Stevens.
Father
and
son
('Padre
e
hijo')
se
convirtió
en
el
símbolo
del
alejamiento
de
los
jóvenes
(miles
de
ellos
se
marchaban
en
esos
momentos
de
casa)
de
una
sociedad
paralítica,
trasnochada,
anclada
en
el
«estado
del
bienestar»
y,
por
lo
tanto,
desprovista
del
sentido
de
la
aventura,
de
la
búsqueda
de
lo
nuevo.
En
esta
canción,
el
padre
intenta
disuadir
al
hijo
de
que
se
aleje
de
él,
aduciendo
que
el
matrimonio
(la
vida)
es
complejo;
el
hijo,
amable
y
comprensivo,
le
intenta
convencer
de
que
él
tiene
también
derecho
a
buscar
su
destino;
y
todo
ello
con
el
trasfondo
de
una
música
de
excelente
factura,
en
la
que
destacaba
la
bien
timbrada
voz
de Stevens
haciendo
los
«papeles»
del
padre
y
del
hijo:
una
verdadera
delicia
estética.
El L.P.
se
vendió
como
churros
y
ha
sido
reeditado
numerosas
veces;
incluso
tuvo
el
«honor»
de
salir
al
mercado
en
una
colección C.D.
con
baño
de
oro
en
24
quilates
(muy
cara,
por
supuesto)
y
un
extraordinario
sonido
que
alcanza
niveles
de
gran
perfección
en
los
violines
de
Sad
Lisa,
otro
de
los
éxitos
del
álbum.
Después
del
Tea for
the
Tillerman,
aparece
Teaser
and
the
Firecat
(1971);
Morning
Has
Broken
y
Peace Train (2),
canción
esta
última
que
estuvo
durante
muchas
semanas
en
el
morro
del
jet
de
Ángel
Álvarez
(Vuelo
605),
confirman
la
extraordinaria
sensibilidad
de Stevens
para
con
el
signo
antibelicista
de
los
tiempos.
Cat
Stevens
no
sonaba
demasiado
en
las
salas
de
baile,
pero
sus
canciones
las
tarareaban
masivamente
los
jóvenes
haciendo
suyas
las
ideas
de
amor
y
paz
que
transmitía
el
cantante
que,
poco
a
poco,
se
deslizaba
hacia
las
religiones
orientales,
fundamentalmente
de
corte
budista.
Catch
Bull
at
Four
(1972),
su
siguiente
vinilo,
fue
también
un
enorme
éxito
que
resonó
como
un
latigazo:
Stevens
no
era
Bob
Dylan,
pero
consiguió
que
la
juventud
cantara
en
latín.
La
portada
del
disco,
también
dibujada
por
el
cantante,
trasluce
de
manera
clara
la
evolución
orientalista
ya
comentada.
Foreigner
(1973),
es
el
nuevo
disco
que
deslumbra
con
una
impecable
suite
en
donde
el
cantante
se
recrea
en
excelentes
solos
de
piano.
Pero,
poco
después
de
su
publicación,
«Gato» Stevens
enferma
de
tuberculosis
y
desaparece
de
la
escena.
Algunos
piensan
que
es
en
estos
momentos
cuando
el
cantante
comienza
a
entrar
en
contacto
con
el
Islam,
quien
sabe…
Lo
cierto
es
que
en
1974
lanza
Buddah
and
the
Chocolate
Box,
un
álbum
decorado
con
sus
sempiternos
e
infantiles
dibujos,
y
que
ahora
reflejan
sin
ninguna
duda
un
momento
religioso
de
clara
inspiración
budista.
En
una
de
sus
canciones
(Music)
Stevens
escribe: «Échale un vistazo al mundo/ Piensa en cómo se acabará/ No habría
guerras en el mundo/ Si todos se unieran al grupo/ Piensa en la luz de tus
ojos/ Piensa en lo que debes saber/ No habría guerras en el mundo/ Si todos
se unieran a esta canción».
Pero
poco
le
quedaba
ya
a
Cat
Stevens
de
las
ideas
que
habían
inspirado
a
tantos
miles
de
jóvenes
en
el
mundo.
En
1975
aparece
Numbers,
confuso
e
infumable
disco
de
espectacular
diseño
que
marca
el
comienzo
de
la despedida
del
cantante
con
«su» público.
En
1978
publica
Back
to
Earth,
después
el
silencio
hasta
1981,
momento
en
que
anuncia
su
conversión
a
la
fe
del
Islam
y
vende
todo
lo
que
tiene
para
integrarse
en
dicha
comunidad.
Luego,
el
olvido
y
el
desprecio
de
muchos
de
los
que
creyeron
en
él,
cuando
se
informa
que
apoyó
la
condena
a
muerte
de
Salman
Rushdie,
por
publicar
los
Versos
Satánicos,
libro
que
la
comunidad
musulmana
considera
herético; Cat
Stevens
lo
niega
varias
veces,
pero
es
expulsado
de
Israel
sin
que
le
dejen
pisar
este
país.
Prayers
Of
The
Last
Prophet
(1998),
I
Have
No
Cannons
That
Roar
(1998)
y
A
is
for
Allah (1999),
son
las
últimas
producciones
de
Yusuf
Islam,
pues
Cat
Stevens
(él
mismo
lo
dijo
una
vez),
el
hippie
bueno,
ya
está
muerto.
Sin
embargo,
Stevens
ha
anunciado
recientemente
el
fin
de
su
autorreclusión,
declarando
al
New
York
Times,
poco
antes
de
que
apareciera
una
nueva
recopilación
de
sus
canciones: «Probablemente comencé a cambiar en 1995, cuando volví a entrar en el
estudio de grabación para registrar discos que contribuyan a comprender algunas
de las bellezas de la vida y de mi fe. Y me di cuenta de que mis viejas
canciones todavía representaban una actitud limpia y transparente, y que no
merecían el olvido».
Imagen:
Foto By Velvetgoldmine82 (Own work) [CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)
or GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html)], vía Wikimedia Commons
(1) N. del A.: Alejandro, desde
Montevideo, me corrige este artículo indicando que Stevens nunca cambió de
nombre. A esta fecha (marzo de 2006) no he podido constatar que el cantante se
haya llamado en alguna ocasión Abu Muhammead, por lo que dejo constancia de este
posible error de documentación. Por respeto al texto original, aún cuando
contenga dicho posible error, lo mantengo tal cual fue publicado, en su momento, en la Revista
Gaceta Musical.
(2)
N. del A.: En abril de 2003, Stevens volvió a publicar, después de 25 años. Para ello,
se fue a Johanesburgo (Sudáfrica) y recuperó Peace Train, en una
grabación llena de sonidos étnicos. La canción estuvo disponible de manera
gratuita en la red. Stevens —que ha descartado una vuelta a los
escenarios— dijo que es «sólo un
mensaje más para que se pare la guerra»(de Irak).