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Las lenguas afuera
Irina Mindlis
A basura. En esta puta ciudad
(como en todas las putas ciudades), la lluvia tiene un horrible, inmundo,
antihigiénico e insalubre gusto a basura. A basura mezclada con el vapor del
subte, con el humo de los colectivos, la tinta de los puestos de diario, las
quejas de las doñas que se les moja la ropa tendida, el ladrido de los perros,
las bocinas de los autos, las chancletas de las señoras en las escaleras del
subte, el murmullo de los paseantes bajo el techo de un kiosco, el quiosquero
quejándose de que no le compran y le ocupan el comercio, el tintinear de las
tazas contra los platos de café en los bares más llenos que nunca, los niños
cantando «que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva», las adolescentes
corriendo mojadas con sus remeras blancas transparentándose bajo el agua, los
gatos maullando en las ventanas, las persianas cerrándose, los televisores
prendiéndose, las boleterías de los cines llenándose de gente, el pochoclero
repartiendo en las salas, la gente comprando pulóveres en Mar del Plata, las
plazas vacías, los paraguas luchando contra el viento, dándose vuelta en las
esquinas, las carreras a toda velocidad hasta el próximo techito, los besos de
los amantes bajo la lluvia, el granizo contra los techos de los autos, el ruido
de las gotas contra un techo de chapas, el agua inundando los barrios más
pobres, la sirena de prefectura sonando en los barrios pegados al río, los
pesqueros volviendo anticipadamente, las sombrillas cerrándose cual relámpago,
los niños maravillados ante algún que otro trueno, las bolsas de consorcio
amontonándose por el paro de basureros, la gente buscando taxis por cada calle y
avenida, los piqueteros marchando por Avenida de Mayo, el alivio de la piel
refrescándose en verano, el linyera corriendo los cartones para resguardarlos,
la marea subiendo, el leve murmullo de las cabezas de los poetas inspirados, las
lenguas saliendo para sentir esa puta gota que siempre tendrá gusto a basura.
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