|

Alas de golondrina
_____________________________
Juana Castillo Escobar
Soberbias, las
golondrinas juguetean y lanzan sonoros trinos al viento. Su llegada se ha
adelantado a las previsiones oficiales que esperan el comienzo de la primavera
para unas semanas después. Con las alas desplegadas saludan al cielo y a las
nubes que, durante unos meses, las acogerán. Ellas, con sus trinos, son las
encargadas de despertar a los corazones más adormecidos.
Abajo, en la tierra, tras la ventana del aula, la Profesora
las contempla. Tal vez extasiada, tal vez indiferente, tal vez dolorida...
Sus alumnos, anormalmente silenciosos, están encorvados sobre
los pupitres. Tratan de dar respuestas válidas a un examen que parece, por el
gesto torpe de sus caras, bastante complicado.
«¡Quién tuviera sus alas! ¡Quién pudiera volar como ellas,
con total libertad! ¡Quien fuera ave sin ataduras...!». Los ojos de la Profesora
siguen el vuelo de las aves, y parece que piensan esto por sí solos mientras que
la cabeza dicta órdenes contrarias: «¡Hoy por hoy te debes a tus alumnos! ¡No
puedes salir corriendo como haces casi siempre que te asalta un temor! Si tu
lugar está ahora aquí, es aquí donde debes permanecer hasta el final. El
final…». Estas dos palabras le producen un escalofrío y una pregunta sin
respuesta: «¿Dónde estará el final?».
Considera que su camino por la vida es un largo peregrinaje
por un sendero pedregoso, solitario, cubierto de trampas, recovecos y dolor. Y
ella desea ser libre. Ver ese final lo más cercano posible. Y hoy, un día
hermoso, azul, templado, a ella le es del todo indiferente... ¿Del todo?
Y el examen trata, en su totalidad, sobre el Romanticismo.
¡El Romanticismo! ¡Tesis doctoral! ¡Época idiota por la que pasamos la Humanidad
entera y que, a algunos, no se nos quita de encima así como así! (Ahí radica su
problema: ¡demasiados pájaros en la cabeza! ¡Demasiado romanticismo
empalagoso!). Y ya, a su edad, debería de haber aprendido que el Romanticismo es
eso y sólo eso: un Movimiento Literario. Nada más.
«¡Es la edad!», se dice una y otra vez, pero con esto no
logra el sosiego que tanto anhela.
La Profesora, una mujer madura, aún atractiva, volcada en su
labor docente, se ha percatado no hace mucho, de que el tiempo es injusto. El
tiempo, que vuela con alas de golondrina cuando debería permanecer quieto, y
parece embalsamado cuando tendría que volar. Su pelo, castaño oscuro, comienza a
trasparentarse por las sienes; los ojos y la boca lucen ligeras arrugas, las
manos se descarnan y pigmentan con lentitud. Un ruido la sobresalta. Pasea su
mirada triste por el aula rectangular, pintada de color verde sapo y llena de
desconchones y graffittis. La mayoría de los alumnos escriben sus ideas sobre el
Romanticismo. Está segura de que ninguno de ellos habrá captado el espíritu de
este «Movimiento». Desciende de la tarima y pasea, perezosa, casi indiferente,
por entre las mesas. Las manos las lleva escondidas dentro de los bolsillos del
pantalón. Parece vigilarlos. Sólo lo parece. Algo atrae poderosamente su
atención: la melena larga y abundante de una de sus alumnas a quien contempla
como si la viera por primera vez, y una mano que sujeta el folio, y que quiere
ser atrapada por la de su compañero de pupitre, y unas uñas lacadas en rojo...
Son recuerdos de otra época, de otros años, los que han sido
atraídos por la amalgama de estos pequeños detalles.
Siempre odió la frase: «Cualquier tiempo pasado fue mejor».
La odió hasta el día en el que no le quedó más remedio que adoptarla. También
ella había sido joven, bonita, querida, coqueta. En otra época, en sus tiempos
universitarios, lucía también una espesa y larga melena, no los cuatro pelos
ralos que mantiene ahora en lo alto de su cabeza. También en aquella época le
gustaba pintarse las uñas, pero las suyas tenían un punto de sofisticación: se
dibujaba la luneta y una línea central en blanco, el resto iba lacado en rojo
pasión. Y también los chicos bebían los vientos por ella. Y ella, por supuesto,
se dejaba querer.
¡Qué tiempos! ¡Qué rápidos pasan! Sobre todo: ¡qué rápido se
esfuma lo bueno! El curso académico se hacía largo y cuesta arriba, pero las
fiestas, los guateques en las casas de los amigos, el flirteo...
Aún hoy se le hace el curso cuesta arriba. Demasiado cuesta
arriba. Cada año le pesa más y más, pero ahora no tiene el aliciente de sus
dieciocho, veinte años. Para ella se acabaron las fiestas, las risas, el amor...
El amor lo conoció joven. Lo disfrutó al máximo, y voló… Con
él voló hasta las cimas más altas, hasta el cielo, más allá del mar. Pero las
alas que sustentaban aquel sentimiento se rompieron. Un accidente mortal las
truncó para siempre y el amor voló de su lado, y ella replegó sus alas y se
envolvió junto con su dolor. Entonces y sólo entonces pudo entender una frase
que jamás supo dónde ni cuándo la había oído, pero que daba vueltas y vueltas en
su cabeza tal vez desde su niñez: «La felicidad de hoy es preludio del dolor que
nos llegará mañana».
Un suspiro se escapa de su pecho. Y una lágrima brilla en sus
pupilas oscuras. Siente que no ha crecido. Aún ahora continúa preguntándose:
«¿Dónde vamos cuándo morimos?». Invariablemente es la voz de su madre quien le
responde desde el fondo de sus recuerdos: «Papá está ahora arriba, en el cielo,
volando con alas de golondrina; él vigila tu sueño, y regresa cada primavera
para verte crecer, para comprobar que no le olvidamos, para recordarnos que
cuida de nosotras, que nos guarda y aguarda...». Y la Profesora, entonces,
convertida en niña, desea volar. Recibir cuanto antes sus alas de golondrina, y
atravesar el mar, y preguntar:
—¿Y mi amor, dónde está?
Silencio. No hay una respuesta válida. No hay nada. Sólo
romanticismo…
Y, el Romanticismo, ¿qué es? No es nada, sólo un Movimiento
Literario. Un latido. Un aletear. Una vida enamorada. Una Profesora que sueña…
Golondrinas volando libres por un cielo de cristal.
___________
JUANA
CASTILLO
nació
en Madrid en 1954. Dice la autora sobre su trabajo: «Tengo autopublicados varios
relatos en diferentes antologías editadas por Clara Obligado. "Mágico Carnaval"
en: Cuentos para leer en el Metro. "La faja o A cada cerdo le llega su San
Martín" en: Historias de amor y desamor. "Al final, Lucy" en: Historias para
viajes cortos. La revista MH (Mujer de Hoy) me editó un relato titulado: "El
torneo". El 26 de Abril de 2003 obtuve el Segundo Premio en el VII Certamen
literario de Narrativa entregado por el Centro Cultural Extremeño de Aluche al
relato: "Galileo Láinez Macho". El periódico que redacta la Asociación de
Vecinos de Aluche publicó en su número de Marzo de 2004 (en soporte papel y en
su página web: www.avaluche.com ) "La faja o A cada cerdo le llega su San
Martín". En la red, en la página: www.estandarte.com tengo publicados cinco
relatos desde el 26 de mayo del pasado año 2004. Los títulos: "El hijo";
"Ocaso"; "Una estación llamada soledad"; "Vestidas de azul" e "Hilando
sinónimos".
La Escuela de Escritores.com: www.escueladescritores.com en su página "Tus
libros favoritos" tiene dos reseñas hechas por mí a las obras: "El desierto de
los tártaros", de Dino Buzzati; y "Tres rosas amarillas", de Raymond Carver. El
pasado 9 de Septiembre de 2004, leí un microrrelato en TeleMadrid Radio (Onda
Madrid) titulado: "Hablemos de gnomos, elfos y hadas". Será publicado, creo, en
junio de 2005. También en junio la Escuela de Escritores sacará una antología.
Participo con doce microrrelatos bajo el título general "In crescendo" (El mundo
y sus habitantes, En la huerta, Pirómanos, Luna llena, Primavera, Entre
pañuelos, Nueva personalidad, Una apuesta, Un torneo en honor de
Justa, Otro cuento de Navidad, El valle invisible). También estoy a la espera de
que salga la nueva antología de Clara Obligado en la que irá el relato: 'El
quinto mandamiento'».

La imagen es de una lámina
del libro Guía para la identificación
de las aves de la Ciudad de Montevideo, de Santiago Claramunt y Enrique M. González
(Ver
página dedicada a los autores y su obra).

OPINA SOBRE ESTE
RELATO
|