MANUEL LOZANO
MAROSA DI GIORGIO*
Restañada de heridas, de futuro,
de esas tardes que cubrieran enigmas que toca el nacimiento:
la tejedora ríe con mirante reír.
¿Nunca viste las agujereadas y esplendentes caligrafías
de su dolor en gineceo?
Se sienta frente a la puerta de cenizas.
Empieza a alimentarse con hebras de mapas astrológicos.
Los hábitos la eluden, la vierten de presagios
bajo formas de nubes o de arcángel roto.
(Sé que conversaba con demonios verdinegros
en altas torres cerradas a tu paso.
Alguna mañana, en Montevideo,
atrapamos objetos caídos del hechizo.)
¿No alcanzas las estrías de vejez,
guardando para siempre -es decir, para nadie-
aquella cajita mortuoria y señorial?
Hay manantialidad en cada fuego de esta nombradía,
tan casi espuma que sube, crucificándote.
Edimburgh, agosto de 2004
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*Encontrándome en Edimburgo, llegó a mi la noticia tristísima de la muerte de Marosa de Giorgio, aquella druida surcada por el soplo de la Gracia y del Sacrificio. En su recuerdo (que es un recuerdo de lumbre de anémonas y de destellos para implorar), escribí el texto que lleva su nombre

VELADO NOMBRE BAJO DIAMANTE
a Jerónimo, en la cueva de Belén**
Deshaciendo cacerías, oscureciéndome
en la pérgola de glicinas donde pudiera morir
lo que desnudo, lo que alejo,
un día saltaré a las barrancas
para ver cómo se abren las puertas.
El niño cubre su cara de esmeraldas
y se inclina, ansia mojada.
Tal vez caiga la lluvia sobre el horizonte,
¿pero qué sauce de pavor no está oscilando
frente a este fuego que vuelve?
El incendio enamorado guarda hojas caídas.
Todo es arder en la tristeza, Anatole,
aun cuando las horas se busquen en la nada
para cantar de mi cuerpo
una nostalgia de húmedo perfume.
La arena ocultará tu pelambre.
Nadie habrá huido tan lejos,
ni arrancado un lirio de la columna rota.
Ya me atraviesan los tules
como felpas de araña bajo la tierra.
Si tu savia me abandona,
te encuentro -feral- revolcándote en las tumbas.
Escucho el sonajero contra las paredes.
Me arrojo al tobogán sin costados
para que huelan los desechos de esta vejez.
Escamas que raspan, labios partidos,
abandonada sed del amante,
¿qué ácido lechoso sube por el sótano?
Ya me atraviesan los tules.
París, septiembre de 2004
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**Nació en Dalmacia (Yugoslavia)
en el año 342. San Jerónimo cuyo nombre significa "el que tiene un nombre
sagrado", consagró toda su vida al estudio de las Sagradas Escrituras y es
considerado uno de los mejores, si no el mejor, en este oficio.
En Roma estudió latín bajo la dirección del más famoso
profesor de su tiempo, Donato, quien era pagano. El santo llegó a ser un gran
latinista y muy buen conocedor del griego y de otros idiomas, pero muy poco
conocedor de los libros espirituales y religiosos. Pasaba horas y días leyendo y
aprendiendo de memoria a los grandes autores latinos, Cicerón, Virgilio, Horacio
y Tácito, y a los autores griegos: Homero, y Platón, pero casi nunca dedicaba
tempo a la lectura espiritual.
Jerónimo dispuso irse al desierto a hacer penitencia por sus
pecados (especialmente por su sensualidad que era muy fuerte, por su terrible
mal genio y su gran orgullo). Pero allá aunque rezaba mucho, ayunaba, y pasaba
noches sin dormir, no consiguió la paz, descubriendo que su misión no era vivir
en la soledad.
De regreso a la ciudad, los obispos de Italia junto con el
Papa nombraron como Secretario a San Ambrosio, pero éste cayó enfermó, y decidió
nombrar a San Jerónimo, cargo que desempeñó con mucha eficiencia y sabiduría.
Viendo sus extraordinarios dotes y conocimientos, el Papa San Dámaso lo nombró
como su secretario, encargado de redactar las cartas que el Pontífice enviaba, y
luego lo designó para hacer la traducción de la Biblia. Las traducciones de la
Biblia que existían en ese tiempo tenían muchas imperfecciones de lenguaje y
varias imprecisiones o traducciones no muy exactas. Jerónimo, que escribía con
gran elegancia el latín, tradujo a este idioma toda la Biblia, y esa traducción
llamada "Vulgata" (o traducción hecha para el pueblo o vulgo) fue la Biblia
oficial para la Iglesia Católica durante 15 siglos.
Alrededor de los 40 años, Jerónimo fue ordenado sacerdote. Pero sus altos cargos
en Roma y la dureza con la cual corregía ciertos defectos de la alta clase
social le trajeron envidias y sintiéndose incomprendido y hasta calumniado en
Roma, donde no aceptaban su modo enérgico de corrección, dispuso alejarse de ahí
para siempre y se fue a Tierra Santa
Sus últimos 35 años los pasó en una gruta, junto a la Cueva
de Belén. Varias de las ricas matronas romanas que él había convertido con sus
predicaciones y consejos, vendieron sus bienes y se fueron también a Belén a
seguir bajo su dirección espiritual. Con el dinero de esas señoras construyó en
aquella ciudad un convento para hombres y tres para mujeres, y una casa para
atender a los que llegaban de todas partes del mundo a visitar el sitio donde
nació Jesús.
Con tremenda energía escribía contra los herejes que se
atrevían a negar las verdades de la religión. LaIglesia ha reconocido siempre a
San Jerónimo como un hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender
mejor la Biblia, por lo que fue nombrado Patrono de todos los que en el mundo se
dedican a hacer entender y amar más las Escrituras. Murió el 30 de septiembre
del año 420, a los 80 años.
MANUEL LOZANO nació en Córdoba, Rep. Argentina. Es escritor (poeta, narrador, crítico
literario y ensayista). Ha cursado estudios de literatura y lingüística en
Europa. Gran especialista en literatura argentina contemporánea y
principalmente en la de Silvina Ocampo, así como ensayista de filosofía
(principalmente sobre la obra de Hume, Berkeley y Spinoza). Es autor de quince
libros (que van del relato fantástico y cuasi-fantástico al ensayo y la
poesía). Su obra ha sido traducida al inglés, francés e italiano. Colaborador
en varios diarios hispanoamericanos. Fue becado por el gobierno español para
participar, durante 1993, del Primer Foro Literatura y Compromiso, junto con
varios grandes autores de la literatura mundial, entre ellos los premios Nobel
Wole Soyinka y José Saramago. Ha recibido más de 45 premios nacionales e
internacionales y el elogio de muchos grandes autores de la literatura
argentina, entre ellos Borges. Conferenciante y organizador de seminarios a lo
largo y ancho del mundo y participante en varios foros culturales a nivel
mundial, ha creado FIED (Fundación Interdisciplinaria de Estudios
para el Desarrollo), institución con sede en las ciudades argentinas de
Córdoba y Buenos Aires y de la cual es presidente. Sus colaboraciones pueden
rastrearse igualmente por todo Internet.
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