LUIS ALBERTO HENRÍQUEZ

 

Retaguardia ( también amor )

Alguna compasión, Señor, tendrás
-lo sé-
para las madres
que no construyen de forma explícita tu Reino
pero sí lo construyen
trabajando y pujando de sol a sol y aún más
como las gallinas con sus pollitos,
para que otros y otras sí construyan
de forma explícita tu Reino
que queremos nuestro.
Sea.

Yo estoy seguro de que es exactamente así
porque tú estás en la vanguardia
con los que van a Colombia o al Zaire,
a Perú, a Bolivia, o Nicaragua;
pero no te olvidas para nada -¿cómo ibas...?-
de quienes lavan la ropa un sábado a la noche
mientras ruge el futbolero.
Y lavan precisamente para que otros
sí puedan irse a Colombia o al Zaire,
otros y otras,
e incluso para que otras y otros prefieran la discoteca que bulle,
en la que estás también aunque parezca mentira.

Sólo que estás también en la retaguardia
-así que, ¿dónde no estás?-.
Pero ojo, no nos engañemos,
que los conservadores seguimos siendo nosotros.
Sin embargo, lo más difícil de todo esto
es sentirse triunfante en la alegría,
ya sea en Colombia o en el Zaire,
en el Perú de Mariátegui, Vallejo y Gustavo Gutiérrez
y de los pobres sobre todo,
a quienes tanto han amado ellos tres.
Ya sea esa alegría en la discoteca o lavando la ropa,
estudiando leyendo o en la fritura de un huevo...
Conste que digo hablo y quiero la alegría,
no sus numerosos profilácticos.
Por eso es tan difícil la alegría,
preciada tanto la alegría.

 

 


II
(anexo)


Para meditar: cómo habría sido o podido
en su tierra el hombre justo y bueno que fue
Jesús de Nazaret, sin los cuidados de María,
sin Juana, sin Susana, sin Marta ni Magdalena,
sin María de Cleofás...

Para meditar: cómo habrían sido o podido
Ignacio Ellacuría y sus hermanos jesuitas también asesinados
sin las mujeres del servicio asesinadas...

Para meditar: cómo escribiría yo estos menesterosos versos
sin la leche antigua de mi madre
que ahora andará lavando ropitas para mí...

Y si no guardase yo la esperanza de otra madre-esposa
para mis ansias fraternas y enamoradas
y para esa fuerza indómita-asustada
que me organiza desde dentro hacia la piel,
¿yo sería estos versos conjuntivos...?

 

 


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